Redacción/Fotografía: Sara Moreno
Ayer se festejaba en nuestro país el día del niño. Ya desde días anteriores se veía en el ambiente la llegada de un día tan especial para los más pequeños, festivales ofrecidos por canales locales, jugueterías con infinidad de ofrecimientos para los padres o abuelos, enormes festejos con globo loco en centros comerciales, payasos, globos, muñecos, inundaban nuestras calles poniéndolo color y alegría a nuestro país.
Es que los niños se merecen, ellos son nuestra alegría diaria, los que llenan nuestras casas de ruidos, los que nos sacan una risa cuando estamos preocupados o distantes.
Muchos dicen que los niños tienen la capacidad de desnudarnos cuando exponen nuestros defectos o quizá nuestras virtudes, pero son, definitivamente, los que aun conservan la verdad intacta, esa inocencia que aun no se corrompe por nuestro mundo.
Pensemos en ellos y celebremos, en medio de las crisis, en medio de los problemas, o en medio de una situación alegre, los niños están a nuestro lado incondicionalmente. Son el regalo más maravilloso que ha bajado del cielo para hacernos personas completas. Amémoslos, cuidémoslos, no dejemos que crezcan sin que sepan que estamos para ellos.
Y de paso, volvámonos un poco niños también, celebremos, riamos, juguemos y disfrutemos cada segundo de nuestra vida como lo hacen ellos. Es cierto, ellos aprenderán de nosotros, pero dejémonos de vez en cuando, aprender de ellos.

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